Alzheimer: ¿Cómo se sabe cuándo uno empieza a tener la enfermedad?

A continuación podéis leer un extracto de mi nuevo libro “El Alzheimer, día a día”, disponible aquí

 

  • Ese es uno de los principales problemas que presenta esta enfermedad, ya que al principio los síntomas son poco llamativos, tales como pequeños fallos de memoria, por ejemplo, que pueden ser fácilmente atribuidos a otras causas. Se empieza a pensar seriamente en una demencia cuando los fallos de memoria, lenguaje, orientación u otros, resultan muy claros y ya no son fáciles de ocultar a las personas que conviven diariamente con el enfermo. Pero para entonces la enfermedad ya lleva un largo trecho recorrido.
  • Esta enfermedad es como los brotes verdes de una planta. Antes de que los veamos, la planta ya ha echado raíces y hay un trabajo desarrollado en el interior de la tierra.
  • Las lesiones cerebrales características de la Enfermedad de Alzheimer comienzan mucho antes de que el afectado empiece expresar síntomas clínicos evidentes de ella. Además, no todas las personas comienzan a manifestarla de la misma manera con las mismas características y con igual gravedad. Estas diferencias hacen que sea imprescindible  un estudio  preciso y personalizado de la presentación y evolución de los síntomas.
  • A veces la depresión puede constituir uno de los primeros indicios del padecimiento de la enfermedad. Estos síntomas depresivos suelen aparecer unos tres años antes de que se detecte el Alzheimer y consisten sobre todo en falta de interés por las cosas, de energía vital y  dificultad para concentrarse. Aunque no siempre empieza de esta manera, no debe descartarse ninguna posibilidad y conviene hacer un seguimiento preciso para ver la evolución posterior, que será la que en definitiva nos confirmará o no el diagnóstico. Otras veces, por el contrario, un paciente ya entrado en años y que aparentemente presenta síntomas de demencia, puede padecer solo un proceso depresivo.
  • También algún acontecimiento traumático, como la muerte del cónyuge, un cambio de lugar de residencia, o un desastre económico importante, pueden precipitar la aparición de la enfermedad que ya estaba gestándose.
  • Dada la dificultad para reconocer los síntomas al principio, no es extraño que, aun los profesionales acostumbrados a ver estos casos, se equivoquen a veces. Así se producen muchos diagnósticos falsos negativos y falsos positivos, es decir, personas a las que se las dice que no tienen la enfermedad, sí la padecen, y al contrario, personas a las que se diagnostica de Alzheimer, luego no es tal. Por eso lo más recomendable es hacer un buen seguimiento neuropsicológico al menos una vez al año, o más frecuentemente si  la evolución de la sintomatología así lo aconsejara.
  • La exploración neuropsicológica, es decir el estudio cuantitativo y cualitativo de cómo están nuestras funciones superiores: memoria, lenguaje, motricidad, percepción, etc. siempre es conveniente, ya que constituye una plataforma comparativa a través de la que se puede ver la evolución en el tiempo, sin que suponga un coste económico excesivo y, sobre todo, la presencia de pruebas dolorosas o más invasivas, como pueden ser las técnicas nucleares. En el Anexo I puedes encontrar las pruebas más habituales, descripción de las mismas y sus indicaciones.
  • No podemos pensar en el Alzheimer ante la aparición de un solo síntoma, sino que deben presentarse varios. Los más frecuentes son la pérdida de memoria, trastornos del lenguaje, dificultad para reconocer objetos o desorientación. Cuando se detecten dos o más de estas alteraciones hay que empezar a pensar en la posibilidad de Alzheimer. Por ejemplo, con la edad existe una pérdida de memoria moderada, y a veces progresiva, para los acontecimientos recientes o para la evocación de nombres; si esto se presenta como único síntoma, no debe confundirse con una Enfermedad de Alzheimer.
  • Actualmente no hay análisis, radiografías o pruebas neuropsicológicas que permitan diagnosticar la enfermedad de manera precoz, es decir en esa fase en que ya ha comenzado a desarrollarse pero que todavía no da síntomas clínicos. Pero detectar la enfermedad cuando los síntomas de deterioro son todavía leves, es decir de manera temprana, puede ser muy importante de cara al éxito de los tratamientos futuros. Por eso hay que consultar estas alteraciones, en primer lugar al médico de cabecera. A través de la atención primaria se puede orientar en principio el diagnóstico y empezar a proporcionar las medidas terapéuticas que contribuyan a mejorar la calidad de vida del enfermo.

Detectar la enfermedad de manera temprana, es muy importante para la eficacia de los tratamientos futuros.

Un Comentario

  • Gonzalo Paredes 25/04/2013 a las 13:57

    en definitiva el Alzheimer es una enfermedad insidiosa e incurable pese a los últimos descubrimientos sobre las substancias que disminuyen en el cerebro, la falta de interconexiones neuronales y otras muestreas de lo que produce la enfermedad. es de desear que pronto encuentren una cura al Alzheimer ya que millones lo padecen hoy en día.