“Lo único que me daba serenidad era sentir su mirada”

María tenía a sus padres en una Residencia y les visitaba día sí y día no, en función del trabajo que tuviera. De los dos, solo su madre de 82 años padecía Alzheimer. Ella murió primero y a los dos meses la siguió él.

Fíjate -me decía-, si iba a verlos era sobre todo por sentir la mirada de mi madre, era una mirada limpia, serena, llena de bondad que me cargaba las pilas y me devolvía la ilusión por la vida. Lo único que me daba serenidad era sentir sus ojos tan limpios…”.

Y tendría que haber sido al revés, porque mi padre estaba bien conservado y se podía hablar con él, pero esa mirada de mi madre no la olvidaré mientras viva; con ella me decía tantas cosas, a pesar de que casi no podía hablar, que me fue cambiando la vida poco a poco”.

Hoy María sigue recogiendo miradas de otras personas a través de su trabajo en la “Asociación de familiares de enfermos Alzheimer”. Se ha convertido en una experta en descifrar el lenguaje de sus gestos. “Si paso algunos día sin ir, lo echo en falta. Cada uno me dice sus cosas. Son tan iguales y tan distintos a la vez, que parece que padecieran enfermedades diferentes”.

 

“Lo único que me daba serenidad era sentir su mirada”
María L.P., 54 años, hija de una enferma de Alzheimer.